Yoga para el cierre: posturas restaurativas que honran el cambio

En la psicología del bienestar contemporáneo, entendemos que para abrir una puerta primero debemos cerrar la anterior. Preferiblemente desde el reconocimiento y la gratitud y no desde el portazo abrupto. Aquí es donde el yoga para el cierre: posturas restaurativas que honran el cambio, se convierte en una herramienta no solo física, sino profundamente espiritual.
A diferencia de las prácticas dinámicas (yang) que buscan generar calor y fuerza, el yoga restaurativo (yin) es el arte de la rendición apoyada. Como explica Judith Hanson Lasater, pionera en esta disciplina y doctora en fisioterapia: «El descanso no es un lujo, es una necesidad fisiológica fundamental. Sólo cuando el cuerpo se siente completamente sostenido, el sistema nervioso puede cambiar del modo ‘lucha o huida’ al modo ‘descansar y digerir'».
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Para honrar este momento de transición, hemos escogido una secuencia de cuatro posturas diseñadas para calmar el sistema nervioso, procesar emociones estancadas y crear el espacio vacío necesario para lo nuevo.
El ritual de cierre: una secuencia restaurativa
Lo que necesitas: Un «bolster» (cojín cilíndrico de yoga) o dos almohadas firmes, mantas (cobijas) dobladas, un bloque (o un libro grueso) y un espacio con luz tenue.
1. Balasana con soporte (El niño sostenido)
La postura del refugio y la introspección.
Esta variante es un abrazo al propio centro. Al tener el torso apoyado, el mensaje que enviamos al cerebro es de total seguridad, permitiendo soltar la vigilancia.
- Cómo armarla: Coloca el bolster a lo largo frente a ti. Siéntate sobre tus talones, con las rodillas separadas al ancho del mat y los dedos gordos de los pies tocándose. Desliza el bolster entre tus piernas y recuéstate sobre él, apoyando una mejilla. Deja que los brazos caigan relajados a los lados.
- Tiempo: 5 a 7 minutos (cambia de mejilla a la mitad).
- Beneficio: Alivia la fatiga mental y conecta con la energía de «volver al útero», ideal para cerrar ciclos desde la protección.
2. Supta Baddha Konasana (Diosa reclinada)
Apertura del corazón desde la vulnerabilidad segura.
Cerrar un ciclo requiere coraje para dejar ir. Esta postura abre el pecho y las caderas (centros emocionales), pero el soporte en la espalda nos recuerda que «te tenemos».
- Cómo armarla: Siéntate delante del bolster (no encima) y recuéstate hacia atrás para que tu columna y cabeza descansen sobre él. Junta las plantas de los pies y deja caer las rodillas a los lados. Clave: Coloca bloques o mantas enrolladas debajo de cada rodilla para que no queden flotando; esto evita la tensión en la ingle.
- Tiempo: 10 minutos.
- Beneficio: Facilita la respiración profunda y la liberación emocional. Es un acto físico de entrega y confianza en el proceso de la vida.
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3. Viparita Karani (Piernas sobre la pared)
El cambio de perspectiva.
A veces, para cerrar un capítulo, solo necesitamos mirar el mundo al revés. Esta inversión pasiva es el «botón de reinicio» por excelencia.
- Cómo armarla: Siéntate de lado, pegada a una pared. Gira suavemente para elevar las piernas sobre la pared mientras apoyas la espalda en el suelo. Puedes poner una manta doblada bajo tus caderas para elevar la pelvis ligeramente.
- Tiempo: 10 a 15 minutos.
- Beneficio: Drena el cansancio de las piernas, calma la ansiedad y regula la presión arterial. Simbólicamente, revierte el flujo de la acción hacia la contemplación.
4. Savasana con peso (La integración final)
La pequeña muerte que precede al renacimiento.
Savasana es la postura de la «muerte» del ego y la identidad pasada. En su versión restaurativa, buscamos anclar el cuerpo a la tierra.
- Cómo armarla: Túmbate boca arriba. Coloca el bolster debajo de tus rodillas para relajar la espalda baja. Cubre tu cuerpo con una manta pesada, prestando atención a cubrir la pelvis y el pecho. Cierra los ojos.
- Tiempo: Mínimo 15 minutos.
- Intención: Visualiza que cada exhalación es una hoja seca que cae de un árbol, dejando espacio para el brote nuevo.
El descanso como acto de transformación
En una cultura que glorifica la ocupación constante, detenerse a respirar es un acto de rebeldía y amor propio. Integrar estas posturas en tus tardes de febrero no es «perder el tiempo», es afilar la herramienta.
Para potenciar este ritual, te sugiero acompañar la práctica con el elemento fuego (una vela) y, al terminar, escribir en un papel tres cosas que agradeces de la etapa que termina y una intención semilla para la que comienza.
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El cierre no es un final absoluto; es simplemente el silencio antes de la siguiente nota musical. Que tu descanso sea tu medicina. Yoga para el cierre: posturas restaurativas que honran el cambio.








