Causas ocultas del sufrimiento y cómo superarlo
Hay días en los que todo parece estar “bien” afuera, pero internamente algo te incomoda: ansiedad sin motivo aparente, miedo a perder lo que tienes, enojo por alguna situación que te sacude o una sensación de vacío difícil de nombrar.
Vivimos en una era donde lo inmediato manda, pero esa misma inmediatez nos está robando la paz. Habitemos el mundo que habitemos, ricos o pobres, jóvenes o adultos, el sufrimiento parece ser el pan de cada día. Sin embargo, hace más de dos mil años, un sabio llamado Patañjali estudió el origen de este malestar y, lo más importante, trazó un mapa para salir de él.
Este artículo es una invitación a revisar esa «generación ansiosa» que hemos construido y descubrir que el alivio del sufrimiento está en comprender la arquitectura de nuestra propia mente.
¿Quién fue Patañjali?
Para entender el sufrimiento, primero debemos conocer al «científico» que lo examinó en detalle. Patañjali es una figura rodeada de misterio y misticismo. Se le considera un svayambhu, un alma que elige reencarnar voluntariamente por compasión hacia el dolor de la humanidad.
A este personaje se le describe con una iconografía particular: mitad hombre, mitad serpiente, cubierto por una cobra de mil cabezas que simboliza a Ananta, la eternidad. Más allá de la leyenda, Patañjali fue el gran sistematizador y tuvo la genialidad de «hilar» (de ahí la palabra sutra) el conocimiento espiritual disperso de la India para convertirlo en una práctica conocida como Yoga Sutra.
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Su enfoque fue revolucionario porque se alejó de los dogmas ritualistas para centrarse en la psicología. Para él, el yoga era más que una serie de contorsiones físicas, era una forma de calmar y estabilizar la mente». Patañjali entendía que ésta funcionaba como un lago: cuando hay olas de pensamiento, el agua se enturbia y no podemos ver el fondo, que es nuestra verdadera naturaleza. Y es cuando nos identificamos con las olas y olvidamos el lago, que surge el sufrimiento.
La anatomía del dolor: el concepto de Klesha
Patañjali identifica cinco causas del sufrimiento humano, denominadas Kleshas. La palabra Klesha significa literalmente «impureza», «aflicción» o «veneno». Son obstáculos psicológicos que nublan nuestra percepción de la realidad, como si estuviéramos mirando el mundo a través de un cristal sucio.
Estos venenos mentales pueden estar en diferentes estados: latentes, como una semilla que aún no brota; debilitados por la práctica; interrumpidos por otras emociones; o plenamente activos, dominando nuestras acciones y pensamientos.
El sufrimiento, según esta visión, es el resultado de una desconexión entre lo que somos realmente (la consciencia pura) y aquello con lo que nos identificamos (el cuerpo, los pensamientos, las posesiones). Cuando confundimos lo temporal con lo eterno, el dolor es inevitable.
Exploremos estos cinco obstáculos que, aunque fueron descubiertos hace milenios, parecen escritos para los tiempos de hoy.
Avidya (Ignorancia): el origen del velo
Avidya no se refiere a la falta de información o de títulos académicos. Puedes tener un doctorado y vivir en una profunda Avidya espiritual. Se traduce como «ignorancia», pero en el sentido de una percepción distorsionada de la realidad. Patañjali define este obstáculo o klesha como el error de tomar lo no-eterno por eterno, lo impuro por puro, lo doloroso por placentero y lo que no es el Ser por el Ser. Es la raíz de todos los demás kleshas; si Avidya desaparece, el resto se desmorona.
Imagina que estás caminando en una habitación oscura y ves una soga en el suelo. Tu mente, bajo el efecto de la ignorancia, la confunde con una serpiente venenosa. Al instante, tu corazón se acelera, sudas y sientes terror. El sufrimiento es real, pero la causa es una ilusión.
Así funciona Avidya: sufrimos porque creemos que nuestra felicidad depende de cosas que están destinadas a cambiar, como nuestra apariencia física, nuestra cuenta bancaria o nuestra reputación digital.
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En la vida cotidiana moderna, Avidya se manifiesta cuando pensamos que el éxito profesional nos dará la paz definitiva. Trabajamos horas extra, sacrificamos el sueño y la familia, persiguiendo un espejismo de seguridad que, al alcanzarse, se desvanece para dar paso a un nuevo deseo.
La reflexión aquí es profunda: ¿Cuántas «serpientes» en tu vida son en realidad simples «sogas» que tu mente ha malinterpretado? La práctica del discernimiento (Viveka) es la única linterna que puede disipar esta oscuridad.
Asmita (Ego): la prisión de la identidad
El segundo klesha es Asmita, que se traduce como «egoidad» o la identificación del observador con los instrumentos de observación. Es ese sentimiento de «Yo soy» que se adhiere a etiquetas externas. Es creer que somos nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestras emociones o nuestro currículum. Patañjali nos advierte que el ego es solo un traje, pero nosotros nos hemos olvidado de que debajo del traje hay un ser humano.
Un ejemplo cotidiano actual es nuestra relación con las redes sociales. Cuando publicas una foto y tu estado de ánimo depende del número de «likes», estás viviendo plenamente en Asmita. Te has identificado tanto con tu personaje digital que, si ese personaje no recibe validación, sientes que tu valor personal disminuye.
El ego nos hace creer que somos seres separados y en competencia constante, lo que genera una soledad profunda incluso cuando estamos rodeados de gente.
La reflexión sobre Asmita nos invita a cuestionar: «¿Quién soy yo cuando no estoy haciendo nada?». Si tu identidad colapsa cuando pierdes tu trabajo o cuando tu cuerpo cambia con los años, es porque habías construido tu casa sobre la arena del ego. El yoga nos enseña que somos el observador silencioso, no la película que pasa por la pantalla.
Raga (Apego): la sed que nunca se sacia
Raga es la atracción hacia el placer. Es el deseo de repetir experiencias que nos resultaron gratas en el pasado. Patañjali explica que este apego surge del recuerdo del placer; buscamos desesperadamente recrear ese momento «perfecto». El problema no es el placer en sí mismo, sino la dependencia emocional que creamos hacia él. Nos volvemos esclavos de nuestras preferencias.
En nuestra sociedad de consumo, Raga es el motor de la economía. Se nos bombardea con la idea de que «necesitamos» el último modelo de teléfono, esa prenda de marca o unas vacaciones exóticas para ser felices. Es el ciclo de la dopamina: compramos algo, sentimos un placer momentáneo, el placer desaparece y necesitamos comprar algo más para llenar el vacío. Raga nos quita la libertad porque nos hace creer que la felicidad está «allá afuera», en el próximo objeto o experiencia.
Piénsalo un momento: ¿A qué placeres te has vuelto adicta/o? Puede ser algo tan simple como el café de la mañana o algo tan complejo como la necesidad de que tu pareja te diga constantemente que te quiere. Cuando el objeto del deseo falta, aparece la ansiedad. El desapego (Vairagya) no es dejar de disfrutar las cosas, sino disfrutar de ellas mientras están, sabiendo que un día no estarán.
Dvesha (Rechazo): la guerra contra lo incómodo
Si Raga es atracción, Dvesha es repulsión. Es la aversión al dolor o a lo que nos resulta desagradable. Patañjali define este klesha como el residuo de experiencias dolorosas pasadas que nos hace huir de cualquier cosa que se les parezca. Vivimos en una cultura de «evitación»: evitamos las conversaciones difíciles, evitamos el silencio, evitamos el aburrimiento y, sobre todo, evitamos el dolor.
Un ejemplo moderno de Dvesha es el «ghosting» en las relaciones. En lugar de enfrentar la incomodidad de una ruptura honesta, preferimos desaparecer para no sentir el malestar del otro ni el nuestro. También se manifiesta en la incapacidad de tolerar opiniones diferentes en internet, bloqueando o atacando a quien nos causa esa pequeña «picazón» mental.
Al huir constantemente del dolor, paradójicamente, generamos más sufrimiento, porque la vida siempre nos traerá situaciones incómodas que no podremos controlar.
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La reflexión nos obliga a mirar nuestras fronteras: «¿De qué estoy huyendo?». El yoga nos enseña a sentarnos con la incomodidad en la esterilla para aprender a sentarnos con la incomodidad en la vida. La inteligencia emocional, según Kant, es proporcional al grado de incertidumbre que somos capaces de soportar.
Abhinivesha (Miedo a perder)
El quinto y más sutil de los kleshas es Abhinivesha, el miedo a la muerte o el instinto de aferrarse a la existencia tal como la conocemos. Patañjali nota que este miedo reside incluso en los sabios, pues está profundamente arraigado en nuestra biología. No es solo el miedo al fin físico de la vida, sino el miedo a la desaparición de nuestra identidad y de todo lo que hemos construido.
En el mundo moderno, Abhinivesha se esconde detrás de nuestra obsesión por el control. Tenemos miedo a perder nuestra juventud (de ahí la millonaria industria del anti-envejecimiento), miedo a perder nuestro estatus o miedo a que la vida cambie de repente. Es la resistencia absoluta a la impermanencia. Sufrimos porque queremos que las cosas se queden quietas en un universo que es puro movimiento.
La reflexión final sobre este klesha es liberadora: ¿Qué pasaría si aceptaras que todo, absolutamente todo, tiene un final? Al abrazar la impermanencia, dejas de luchar contra la corriente y empiezas a nadar con ella. El miedo a la muerte es, en el fondo, miedo a no haber vivido de verdad por estar demasiado ocupado protegiendo una ilusión.
Del caos a la calma: cómo superar el sufrimiento
Patañjali no solo diagnosticó la enfermedad, sino que prescribió un tratamiento para superar el sufrimiento. Para atenuar los kleshas, propuso el Kriya Yoga, o yoga de la acción, que consta de tres pilares fundamentales que podemos aplicar en nuestra agitada vida.
Tapas: el fuego que transforma
Tapas se traduce como disciplina, pero su raíz significa «calentar» o «quemar». Es el esfuerzo consciente por cambiar hábitos que no nos sirven. No se trata de torturarse, sino de cultivar la fuerza de voluntad. Por ejemplo, decidir no mirar el móvil en las primeras dos horas del día para proteger tu paz mental es una forma de Tapas.
Es el fuego que quema las impurezas del cuerpo y de la mente, permitiéndonos desarrollar un dominio interior que nos hace menos vulnerables al sufrimiento externo.
Svadhyaya: el espejo del alma
Svadhyaya es el autoestudio. Es observar nuestros patrones de pensamiento sin juzgarnos. Patañjali nos invita a preguntarnos constantemente: «¿Por qué deseo esto?», «¿A qué le tengo miedo?», «¿Es este pensamiento verdad o es solo una ola de mi ego?». En la era del ruido, el autoestudio requiere momentos de silencio y reflexión, quizás a través de un diario emocional o la meditación. Al conocernos a nosotros mismos, empezamos a ver los hilos invisibles de los kleshas que mueven nuestras reacciones.
Ishvara Pranidhana: el arte de soltar
El tercer pilar es la entrega o devoción a algo superior a nuestro pequeño «yo». Puede ser Dios, el Universo, la Naturaleza o simplemente el fluir de la vida. Es reconocer que no tenemos el control total y que existe una inteligencia mayor en el orden de las cosas. Al practicar la entrega, nos liberamos de la ansiedad por los resultados y del peso de cargar con todo sobre nuestros hombros. Es la máxima expresión de la humildad y la confianza.
«El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional».
El impacto de la era digital en nuestras aflicciones
La tecnología ha amplificado los kleshas a niveles sin precedentes. La comparación constante con las vidas «perfectas» de otros en Instagram alimenta una Asmita hambrienta de validación, mientras que el acceso inmediato a estímulos placenteros refuerza un Raga que nos hace cada vez más impacientes e irritables.
El fenómeno del FOMO (Fear of Missing Out) es una manifestación moderna de Abhinivesha: el miedo a quedar fuera, a desaparecer del mapa social, a no ser parte de la «corriente de la vida» digital. Los estudios demuestran que el uso pasivo de las redes sociales —deslizar el dedo sin interactuar— aumenta significativamente los sentimientos de aislamiento y depresión, precisamente porque activa la comparación constante de nuestro «yo» interno (lleno de dudas y sombras) con el «yo» externo de los demás (editado y filtrado).
Herramientas prácticas para una mente equilibrada
Recuperar el equilibrio no requiere que te retires a una cueva en el Himalaya. La sabiduría de Patañjali es para el hombre y la mujer que viven en el mundo actual, que trabajan, que tienen familia y muchas responsabilidades sociales. Aquí tienes algunas estrategias basadas en su filosofía para reducir el sufrimiento en tu día a día:
- La pausa de la consciencia: Antes de reaccionar con ira ante un mensaje o un imprevisto, respira profundamente. Ese pequeño espacio de tiempo te permite observar si tu respuesta viene de Dvesha (rechazo) o de tu ser real. Como dice Patañjali, el yoga puede practicarse en cualquier lugar, incluso sentándote de manera estable y cómoda frente a tu ordenador.
- Desintoxicación del ego: Dedica tiempo a actividades que no sean productivas ni compartibles en redes sociales. El placer de leer un libro, caminar por el bosque o cocinar para alguien que amas, sin la necesidad de publicarlo, debilita a Asmita y te reconecta con el momento presente.
- Aceptación de la impermanencia: Cuando algo bueno suceda, disfrútalo plenamente pero recuerda la frase: «Esto también pasará». Igualmente, cuando algo malo ocurra, recuérdala de nuevo. Esta perspectiva reduce tanto el apego (Raga) como la aversión (Dvesha), cultivando la ecuanimidad.
- Cuidado del templo: Tu cuerpo es el templo donde vive tu alma. Trátalo con respeto. Una alimentación consciente, alejada de los ultraprocesados que enferman la mente y el cuerpo, es una forma de Tapas (disciplina) que fortalece tu claridad mental.
El camino hacia la libertad interior
Patañjali nos enseña que el objetivo final del yoga es Kaivalya, la liberación o emancipación total. No es un estado mágico donde los problemas desaparecen, sino un estado de consciencia donde los problemas ya no tienen el poder de perturbarnos. Al reconocer que somos la consciencia inmutable que observa el baile de la vida, el sufrimiento pierde su aguijón.
La verdadera paz no se encuentra en la ausencia de tormentas, sino en la quietud del fondo del lago, sin importar cuán altas sean las olas en la superficie. El camino que propone el yoga es una invitación a la soberanía personal: dejar de ser una antena que absorbe todo el ruido del mundo para convertirte en una fuente de estabilidad que irradia calma.
«Conocerse a sí mismo es el comienzo de toda sabiduría».
Reflexión: ¿Quién lleva las riendas?
Al final del día, la pregunta más importante que podemos hacernos es: ¿Estás viviendo tu vida o están tus kleshas viviéndola por ti? El sufrimiento es un maestro severo, pero nos indica exactamente dónde están nuestras heridas y nuestras cadenas. No tienes que ser perfecto, solo tienes que ser un poco más consciente hoy de lo que fuiste ayer.
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Patañjali nos dejó el mapa, pero caminar el sendero es tu elección. Cada vez que eliges la verdad sobre la apariencia, la aceptación sobre la resistencia y la calma sobre la reactividad, estás practicando yoga. Estás, poco a poco, sanando.
¿Cuál de estos 5 obstáculos sientes que está dominando tu presente? ¿Te animas a dar el primer paso para soltarlo? Cuéntame en los comentarios o comparte esta reflexión con alguien que necesite un poco de luz en medio de su ruido mental.








