Pensando en los aguinaldos

En esta época la escena es universal y profundamente desigual: mientras en algunas esferas, brilla el papel de regalo y suenan los brindis, en otros sectores, la Navidad se convierte en una temporada triste por la escasez y los sueños frustrados. Pensando en los aguinaldos revisé su historia y aquí te cuento qué fue lo que encontré.

El término aguinaldo proviene del latín strena o strenae que se traduce como un “buen presagio” o “pronóstico” que luego se materializó en regalos que se daban al comienzo del año, para la buena suerte. Al principio eran ofrendas sencillas como miel, higos, dátiles, etc., destinadas a desear un «dulce año». Con el tiempo, la Iglesia y las monarquías cooptaron la práctica y lo que era un intercambio horizontal de buenos deseos se convirtió en un tributo vertical hacia los poderosos y en un detalle esporádico de altruismo hacia las clases trabajadoras que dió origen al aguinaldo salarial.

Con el paso del tiempo, el capitalismo contemporáneo convirtió los aguinaldos en una obligación social. Monetizamos a tal punto el afecto que convertimos estos presentes en transacciones cuyo valor, por lo general, se mide de acuerdo con el precio de la etiqueta.

La factura invisible: género y carga mental

Si analizamos los aguinaldos nos damos cuenta que la «magia» de la Navidad no ocurre por generación espontánea sino que es el resultado de un trabajo no remunerado.

Por otro lado está demostrado que las mujeres no solo ejecutan la compra de regalos, sino que realizan toda la gestión cognitiva previa: recordar tallas, planificar presupuestos, envolver paquetes, gestionar la diplomacia familiar y asegurarse de que nadie se sienta excluido.

Mientras los hombres suelen limitarse a ser proveedores económicos del regalo, las mujeres son las curadoras emocionales de la experiencia. Esta dinámica perpetúa los roles de género y añade agotamiento a una época que debería ser de descanso, afectando desproporcionadamente a las mujeres trabajadoras y madres solteras que deben estirar sus limitados recursos para cumplir con las expectativas sociales.

Hacia una redistribución del aguinaldo

Para diversificar el aguinaldo, debemos hackear la tradición. La propuesta no es abolir el regalo, sino descolonizarlo de la lógica de mercado y devolverlo a la lógica del cuidado y la comunidad.

La economía solidaria nos enseña que el verdadero valor no está en el lucro, sino en la reciprocidad. Transformar el aguinaldo implica pasar del «regalo-objeto» al «regalo-vínculo».

Veamos algunas formas de subvertir la lógica consumista y practicar un aguinaldo comunitario.

Aguinaldos de cuidado, vales de tiempo. En lugar de objetos, regala lo que el sistema nos quita: tiempo. Vales por «una noche de cuidado de infancias», «tres horas de cocina de tuppers para la semana» o «acompañamiento a citas médicas». Esto visibiliza y valoriza el trabajo de cuidado.

Consumo con conciencia social. Si vas a gastar, que sea en la economía local. Prioriza cooperativas de mujeres, emprendimientos de personas que pertenece a grupos especiales. Que tu dinero fortalezca la autonomía económica de tu comunidad, no las arcas de grandes cadenas o monopolios.

El amigo del reciclaje. Organiza intercambios donde la regla sea regalar algo que ya posees y amas (un libro leído, una prenda en buen estado, una planta de tu jardín). Esto rompe el ciclo de producción-desecho y añade una capa de historia personal al objeto.

La canasta comunitaria. En lugar de regalos individuales obligados, propón en tu círculo (familia, vecindario, trabajo) juntar ese presupuesto para cubrir una necesidad real de alguien del grupo o de una organización barrial. El aguinaldo se convierte así en una red de solidaridad.

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Pensando en los aguinaldos, te propongo recuperar el sentido romano de la strena (el buen augurio) pero despojado de la presión social capitalista. Que este año el aguinaldo no sea una gran deuda en la tarjeta de crédito, sino una idea creativa que te permita vivir una experiencia diferente con tus seres queridos. Porque al final, lo que nos hace inolvidables son las experiencias que compartimos y que alimentan nuestros recuerdos.