Día del Hombre: una oportunidad de avanzar hacia las nuevas masculinidades

Cada 19 de marzo, Colombia y otros países de tradición católica celebran el Día del Hombre, una fecha que nació en los calendarios religiosos y que hoy entra de lleno en la conversación sobre género, bienestar emocional y cambio cultural. Lejos de ser “la versión masculina” del Día de la Mujer, esta conmemoración abre preguntas incómodas y necesarias sobre qué significa ser hombre en el siglo XXI. Día del Hombre: una oportunidad de avanzar hacia las nuevas masculinidades.

De San José al 19 de marzo

El origen del 19 de marzo está ligado a la figura de San José, esposo de María y padre terrenal de Jesús, reconocido por la Iglesia católica como modelo de paternidad responsable, trabajo digno y vida silenciosa pero coherente. La festividad de San José se consolidó en el calendario romano alrededor de 1621, cuando el papa Sixto IV impulsó oficialmente su celebración el 19 de marzo, y más tarde fue proclamado Patrono Universal de la Iglesia por el papa Pío IX en 1870.

En países como Colombia, Bolivia y Honduras, esa fecha religiosa se fue resignificando hasta convertirse también en Día del Hombre, asociando la figura de San José con un ideal de hombre cuidador, justo y comprometido con su familia. En Colombia, la Agencia Nacional Digital y distintas alcaldías explican que el 19 de marzo se asume como una ocasión para resaltar los aportes de hombres y niños a la construcción de entornos de tolerancia, equidad y dignidad.

Marzo, noviembre y la agenda de género

A nivel internacional, el Día del Hombre se conmemora el 19 de noviembre, fecha impulsada inicialmente en 1992 por el académico Thomas Oaster en Estados Unidos y relanzada en 1999 por el médico Jerome Teelucksingh en Trinidad y Tobago, con el apoyo de la UNESCO. Esta conmemoración global se centra en temas como la salud masculina, la visibilización de aportes positivos de los hombres en la sociedad y la promoción de la igualdad de género y la no violencia.

Colombia, sin embargo, mantiene el 19 de marzo como referencia principal, conectando el sentido religioso de San José con una reflexión laica sobre los roles masculinos en la familia, el trabajo y la vida comunitaria. Medios y entidades públicas subrayan que esta fecha también sirve para hablar de desafíos como la presión por cumplir estereotipos de proveedor, el silenciamiento emocional y la violencia que muchos hombres ejercen o padecen en contextos machistas.

Lo que hoy nos dice el Día del Hombre

Desde la psicología social, el Día del Hombre revela cómo los guiones tradicionales de género siguen vivos: ser fuerte, no llorar, “aguantarse” todo y demostrar valor a través del éxito económico o la dureza. Pero también muestra fisuras: cada vez más hombres cuestionan esos mandatos, se permiten nombrar su ansiedad, su soledad y su necesidad de vínculos más horizontales.

La PNL invita a mirar estas creencias como “programas” aprendidos: ideas sobre lo masculino que se instalaron en la infancia a través del lenguaje, los modelos familiares, los medios y la cultura religiosa. Reescribir el guion implica identificar frases internas como “si lloro, soy débil” o “si fracaso económicamente, no valgo” y preguntarse de quién es realmente esa voz.

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En este contexto, el 19 de marzo deja de ser un simple saludo para convertirse en un punto de contacto entre tradición religiosa, políticas de igualdad y debates sobre salud mental, diversidad sexual y nuevas formas de paternidad.

Una invitación para las mujeres

Para las mujeres, el Día del Hombre puede ser una oportunidad para revisar el lugar que ocupan en la construcción (y deconstrucción) de las masculinidades. No se trata de asumir la carga de “educar a los hombres”, sino de reconocer cómo, muchas veces sin querer, se refuerzan mensajes como “ellos no sienten tanto” o “ellos se las arreglan solos”.

Desde una mirada inclusiva, apoyar nuevas masculinidades implica legitimar la vulnerabilidad masculina, no ridiculizar el llanto o la duda, y cuestionar los chistes o comentarios que naturalizan el machismo, incluso cuando vienen de hombres cercanos que queremos. También supone abrir espacios de diálogo en las familias, las parejas y los equipos de trabajo donde ellos puedan hablar de miedo, culpa, deseo de cambio, sin ser etiquetados como “menos hombres”.

Una invitación para los hombres

Para los hombres, el 19 de marzo puede ser una pausa valiosa para preguntarse: ¿desde qué modelo de hombre estoy viviendo mi vida? ¿El fuerte que nunca cae, el proveedor que se agota en silencio, el seductor permanente, el “tipo racional” que no se permite sentir?

En términos de PNL, es un momento para actualizar el mapa interno: dar permiso a las emociones, nombrar el cansancio, pedir ayuda profesional cuando la depresión, la ira o el consumo problemático aparecen. También es un llamado a la responsabilidad social: revisar privilegios, dejar de justificar violencias “porque así me criaron” y convertirse en aliado activo de niñas, mujeres y personas LGBTIQ+ que siguen enfrentando desigualdades estructurales.

Ser hombre hoy puede significar más escucha que control, más presencia que sacrificio silencioso, más cuidado que dominación. Eso también es valentía.

Hacia un futuro de masculinidades diversas

Mirando hacia adelante, el Día del Hombre del 19 de marzo puede convertirse en una fecha clave para imaginar masculinidades plurales: creyentes y no creyentes, heterosexuales y diversas, rurales y urbanas, jóvenes y mayores.

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Si el origen religioso de la conmemoración puso en el centro a un hombre que cuida y acompaña, el reto es ampliar ese símbolo: que cada hombre pueda elegir quién quiere ser, más allá del mandato de dureza, y que cada sociedad garantice las condiciones para que esa elección sea posible y segura. En esa dirección, el Día del Hombre deja de ser una simple conmemoación y se convierte en un ejercicio anual de conciencia colectiva.