Cuatro guacharacas empoderadas
Recientemente, cuando salía de mi casa en la mañana, me encontré unas aves muy colombianas que nunca había tenido tan cerca. Eran cuatro guacharacas empoderadas y apoderadas de la terraza de mi vecina. La verdad, me sorprendì porque no es común verlas en la ciudad, al menos donde yo vivo. Por sus tamaños, intuí que era una familia completa (padre, madre y dos polluelos).
Como este espectáculo no se ve todos los dìas, me quedé mirándolas. Una de ellas, me miró fíjamente, como en estado de alerta, mientras uno de los puyuelos volaba hacia una rama al del árbol. Luego siguieron al poyuelo las otras tres. La que hizo conexión conmigo fue la última en volar. Disfrute mucho ese instante.
Cuando regresé a mi rutina comencé a buscar información sobre las guacharacas y lo que su presencia podía significar para mi. Aquí te cuento lo que descubrí.
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Un ave comunitaria y leal
La guacharaca es un ave que se encuentra bosques y sabanas de América Latina. En Colombia, su hábitat principal son los bosques húmedos y las zonas arboladas de los piedemontes del valle del Cauca y el valle del Magdalena. Y fíjate que encontré que también frecuentan algunas zonas urbanas como el Valle del Aburrá donde han sido registradas recientemente.
La guacharaca, pariente cercana del pavo y del faisán, es un ave gregaria que se mueve en grupos familiares. Su vida está marcada por la cooperación y la lealtad, valores fundamentales en su estructura social. Se comunican constantemente entre ellas, alertándose de peligros y estableciendo un vínculo sólido dentro de su comunidad.
Ellas son en esencia, un símbolo de unidad y fortaleza grupal que nos recuerdan la importancia de la convivencia y la comunicación en nuestras propias vidas. Así lo demostraron estas cuatro guacharacas empoderadas que se cruzaron en mi camino.
Más que un canto, un mensaje
Su canto es un sonido muy particular que rompe el silencio matutino. A mi me recuerda las matracas que sonaban en semana santa hace muchos años. Por eso algunas personas lo considertan escandaloso. Sin embargo, es en realidad un aviso de despertar, un recordatorio de que es hora de iniciar el día con energía y determinación.
En muchos ambientes latinoamericanas, la guacharaca es vista como un símbolo de conexión con la tierra. Para los pueblos indígenas, es una mensajera de la naturaleza, un espíritu guía que nos invita a estar atentos a nuestro entorno y a vivir en armonía con él. Para ellos representa la voz del bosque, una manifestación de la naturaleza que nos invita a escuchar sus señales.
Fíjate también que su desarrollado sentido de comunidad es interpretado como un mensaje para que fortalezcamos nuestras propias relaciones, es una invitación a valorar a nuestra familia y crear lazos de apoyo. Y déjame decirte que en la actualidad ese aviso, es para mi un envío directo a mi corazón.
Además, su persistente canto al amanecer es visto como un llamado a la acción, a no posponer nuestros propósitos y a enfrentar la vida con valentía. En la cosmovisión de algunas culturas, la guacharaca es un recordatorio de que cada nuevo día es una oportunidad para crecer y aprender.
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Lo que la guacharaca nos enseña
Más allá de su presencia en los bosques y su relación con la espiritualidad, estas cuatro guacharacas empoderadas me dejaron valiosas lecciones. Ellas nos enseñan que el trabajo en equipo nos hace más fuertes, que la comunicación es clave para la supervivencia y que cada amanecer trae consigo la oportunidad de un nuevo comienzo. Nos recuerdan que no debemos temer alzar la voz cuando es necesario y que, a pesar de las dificultades, siempre hay razones para cantar y celebrar la vida.
La próxima vez que escuches el canto de una guacharaca, no lo tomes como un simple sonido de la naturaleza. Escúchalo con el corazón y deja que su mensaje resuene en ti: es tiempo de despertar, de unirte a quienes te rodean y de abrazar con fuerza cada día que se te ha dado.