Más allá del entusiasmo: lo que significa abrirle la puerta a un animal de compañía

Si estás pensando hacerlo, realmente ¿tienes claro lo que significa hacerse cargo de un animal de compañía o estás enamorada/o de la idea romántica de tener una mascota? Esta es la pregunta que debe hacerse quienes adoptan o compran un “peludito” en un país donde las postales de ternura en redes sociales contrastan con la crudeza de la calle. Más allá del entusiasmo: lo que significa abrirle la puerta a un animal de compañía

El vínculo humano-animal

Por todos es conocido que la convivencia con animales genera beneficios cuando el vínculo se fundamenta en el respeto y la responsabilidad. La relación cotidiana con perros y gatos se asocia con una disminución en los niveles de cortisol (hormona del estrés), la reducción de la presión arterial y una percepción menor de soledad en adultos.

En el caso de los caninos, el hábito de pasearlos estimula la actividad física y abre canales de socialización. En niños, favorece el desarrollo de la empatía socioemocional.

Sin embargo, estos beneficios no se presentan solo con la posesión del animal, sino que se logran en la medida en que se establezca una relación de calidad. Si el animal vive confinado, estresado o desatendido, el vínculo se fractura y genera frustración en ambas partes.

Tener un animal de compañía exige una gran responsabilidad

El bienestar animal se rige por necesidades biológicas y etológicas concretas, no por caprichos humanos. Por eso a la hora de hacerse cargo de un animal deben tenerse claras esas necesidades que paso a detallar:

  • Nutrición y salud preventiva: alimentación balanceada acorde a su especie, talla y edad, esquemas de vacunación al día, desparasitación periódica y esterilización para prevenir enfermedades reproductivas y frenar la sobrepoblación.
  • Atención veterinaria: consultas periódicas y un fondo de previsión para urgencias médicas.
  • Espacio, seguridad e higiene: ambientes limpios, protegidos del frío y del calor extremo, con cerramientos seguros y elementos de identificación visible (placa con datos actualizados y microchip).
  • Equilibrio etológico y enriquecimiento: paseos diarios con correa para exploración olfativa, estímulo cognitivo mediante el juego y educación basada en refuerzo positivo, sin castigos físicos ni maltrato.
Las consecuencias del abandono

En muchos casos el entusiasmo que provoca la ternura de un cachorrito impulsa a una persona a adoptarlo o comprarlo, sin tener en cuenta sus necesidades y la responsabilidad que implica tenerlo. Entonces, muchos se arrepienten y son capaces de abandonarlos sin misericordia.

Pese a que la Ley 1774 de 2016 declaró a los animales como seres sintientes e impone sanciones económicas y penales a la negligencia grave, la calle sigue recibiendo a miles de animales expuestos agresiones, atropellamientos, hambre extrema, parasitosis y desequilibrios térmicos.

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En Colombia no existe un censo único nacional que registre la totalidad de casos de abandono animal sin embargo entidades como el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA) en Bogotá calcula que entre 2 y 3 millones de perros y gatos viven en condición de calle o deambulación no controlada en el país. De ellos, organizaciones del sector calculan que más del 80 % nunca logrará encontrar un hogar definitivo.

A escala local, las cifras reflejan la magnitud de la crisis
  • En Medellín, durante el último año, se atendieron más de 4.300 reportes ciudadanos por abandono. El Centro de Bienestar Animal La Perla, recibe anualmente entre 2.000 y 3.000 animales rescatados, de ellos más del 90 % corresponden a abandono directo o desatención de sus propios cuidadores.
  • En Bogotá, el IDPYBA procesa anualmente entre 11.000 y 11.800 reportes asociados a presunto abandono o animales en riesgo vital, en una ciudad donde los censos técnicos estiman más de 66.000 caninos deambulando en la vía pública, concentrados principalmente en localidades del sur y periferia como Ciudad Bolívar, Bosa, Usme y San Cristóbal.
  • Picos estacionales: Las entidades de protección coinciden en un patrón crítico: los reportes de abandono aumentan hasta un 30 % entre enero y febrero, así como en los periodos vacacionales de mitad de año, cuando cachorros regalados en Navidad dejan de ser novedad o las familias deciden viajar sin prever su custodia.
Adoptar es un compromiso a largo plazo

La adopción responsable no debe ser una respuesta al impulso emocional. Antes de dar el paso, conviene que respondas con sinceridad si:

  1. ¿El presupuesto mensual es suficiente para la compra de alimento de calidad, vacunas y emergencias veterinarias?
  2. ¿Le dedicarás dos horas diarias al paseo, el aseo y el juego?
  3. Si cambias de vivienda o de ciudad, ¿el animal vendrá contigo?
  4. ¿Todos los miembros de la casa aceptan las tareas del cuidado y las reglas de convivencia?

Si las respuestas no son claras, la decisión más responsable y compasiva es no adoptar hasta contar con las condiciones requeridas.

Maestros de la presencia y la empatía

Lejos de los lugares comunes, convivir con un perro o un gato enseña a observar otros lenguajes. Los animales demandan paciencia ante sus ritmos, límites claros y respeto por su naturaleza, sin pretender moldearlos como humanos en miniatura.

Nos enseñan la atención plena: ellos no habitan la nostalgia de ayer ni la angustia del mañana; habitan el presente. Aprender a descifrar su incomodidad, respetar su descanso y procurar su tranquilidad amplía nuestra propia capacidad de empatía hacia todas las formas de vida.

Promover la tenencia responsable de animales de compañía

Para promover la tenencia responsable de animales de compañía y fruto de una alianza entre la marca de alimentos Ringo y Comfama nació el libro infantil La historia de un perro que volvió a nacer, escrito por David Eufrasio Guzmán e ilustrado por Carolina Bernal. Esta publicación presentada recientemente en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, relata las vicisitudes de un perro tras ser abandonado en la calle hasta que le llega una segunda oportunidad en un hogar comprometido.

La historia de Ringo nos recuerda que la tenencia responsable de animales de compañía empieza cuando comprendemos que su vida, su salud y su equilibrio dependerán de nuestras decisiones durante los próximos doce o quince años.