Solidaridad en Colombia: cómo ayudar tras el terremoto
Tras un terremoto, la solidaridad puede ser realmente útil cuando se organiza, se coordina con las autoridades y responde a las necesidades reales de las personas afectadas. En momentos como este, ayudar bien —más que ayudar mucho— puede marcar la diferencia entre alivio y caos. Solidaridad en Colombia: cómo ayudar tras el terremoto.
El lunes 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió buena parte de Colombia con epicentro en San José del Palmar, Chocó, a unos 100 kilómetros de profundidad. Fue el evento sísmico de mayor magnitud registrado en el país en el siglo XXI y se sintió en gran parte del país, con reportes incluso desde Panamá y Venezuela. Las autoridades han declarado desastre nacional y siguen actualizando, minuto a minuto, las cifras de muertos, heridos, viviendas dañadas y personas desaparecidas, por lo que cualquier balance sigue siendo preliminar.
Contexto de la emergencia en Colombia
El Servicio Geológico Colombiano confirmó que el sismo principal ocurrió a las 7:34 a. m. y fue seguido por decenas de réplicas, algunas superiores a magnitud 4,8. Los reportes iniciales de Gobierno, Asocapitales y organismos de socorro hablan de cientos de personas fallecidas, más de un millar de heridos y miles de viviendas averiadas o destruidas en los departamentos de Chocó, Risaralda, Caldas, Quindío y Valle del Cauca principalmente. Al mismo tiempo, Medicina Legal informa que sigue recibiendo cuerpos desde las zonas afectadas, que el proceso de identificación avanza y las cifras siguen aumentando.
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En este escenario, la Cruz Roja Colombiana, la Defensa Civil, los Bomberos y la UNGRD han activado sus salas de crisis, equipos de búsqueda y rescate y campañas de ayuda humanitaria, insistiendo en que la ciudadanía consulte fuentes oficiales y evite desplazamientos innecesarios hacia las zonas afectadas.
Por qué la solidaridad es fundamental
En una emergencia como este terremoto en Colombia, la solidaridad es una reacción empática que puede salvar vidas, aliviar el sufrimiento y acelerar la recuperación. Las guías de salud mental y apoyo psicosocial del Ministerio de Salud y la OPS subrayan que las redes de apoyo social —familia, comunidad, vecinos, organizaciones— son cruciales para que las personas afectadas puedan rehacer su proyecto de vida. Fíjate que aquí la solidaridad no se limita a “dar cosas”, sino a sostener emocionalmente, acompañar y reconocer la dignidad de quienes han sido golpeados por el desastre.
Solemos usar “solidaridad”, “empatía” y “ayuda” como sinónimos, pero no lo son. La empatía es nuestra capacidad de sentir o imaginar el dolor ajeno; la solidaridad añade la decisión de hacer algo al respecto; la ayuda efectiva es cuando esa intención se traduce en acciones concretas que realmente responden a las necesidades de las personas afectadas. Los manuales psicosociales de atención en emergencias insisten en que las intervenciones deben ser adecuadas a la fase del desastre y basadas en un diagnóstico de necesidades, no en el impulso de “hacer algo”.
En otras palabras: sentir con las víctimas es importante, pero organizar esa emoción para que la ayuda llegue donde hace falta, en la forma adecuada y en el momento oportuno, es lo que convierte la solidaridad en una herramienta poderosa.
Solidaridad y bienestar emocional
La cooperación y las conductas prosociales, esas acciones voluntarias que benefician a otros, también tienen efectos sobre el bienestar de quien ayuda. Diversos estudios revisados por la psicología humanista y la llamada “conducta prosocial” señalan que el voluntariado y el apoyo a otros se asocian con mejor salud mental, más felicidad y menor riesgo de depresión. Un trabajo experimental publicado en la revista PLOS ONE encontró que realizar actos prosociales puede reducir la ansiedad y aumentar la sensación de que la propia vida tiene valor, aunque los efectos sean modestos.
En situaciones de crisis, ese sentido de utilidad, pertenencia y propósito puede ayudar tanto a las comunidades afectadas como a quienes se movilizan para apoyar, siempre que la ayuda se ejerza de manera responsable y sin poner en riesgo a nadie.
Ayudar sin coordinación puede estorbar
La experiencia internacional y los manuales de ayuda humanitaria muestran que las movilizaciones espontáneas, aunque bien intencionadas, pueden generar problemas cuando no están coordinadas. En desastres recientes se han visto bodegas saturadas de donaciones que nadie pidió (ropa inservible, alimentos vencidos, objetos sin clasificar) que terminan ocupando espacio, retrasando la distribución de insumos esenciales y agotando al personal voluntario.
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En Colombia, la Ungrd y la Cruz Roja recuerdan que la ayuda debe basarse en la matriz EDAN (Evaluación de Daños y Necesidades), que identifica qué requiere cada comunidad antes de definir qué enviar y cómo hacerlo. La verdad es que, en una emergencia, ayudar bien puede ser más importante que simplemente ayudar mucho: un camión improvisado que bloquea una vía crítica hacia un hospital, o personas no entrenadas entrando a zonas de riesgo, pueden terminar dificultando el rescate y aumentando el peligro.
Ayudar bien en cada etapa de la emergencia
Las guías técnicas de salud mental y gestión del riesgo proponen organizar la solidaridad según las fases de la emergencia.
- Respuesta inmediata: en las primeras horas, la prioridad es salvar vidas: búsqueda y rescate, atención médica urgente, agua, alimentos, alojamiento temporal y seguridad básica. Aquí la solidaridad se canaliza mejor apoyando a las organizaciones que ya están en terreno —Cruz Roja, Defensa Civil, Bomberos, entidades de salud— a través de donaciones económicas seguras, donación de sangre y difusión de información verificada.
- Atención y estabilización: una vez se han atendido las urgencias, entran necesidades de higiene, alimentación sostenida, medicamentos y elementos esenciales en los albergues. Es el momento en que las campañas de acopio, si están coordinadas, pueden marcar diferencia, siempre guiadas por listados claros de lo que sí se necesita.
- Recuperación: en los siguientes meses, la solidaridad se enfoca en la reconstrucción de viviendas, la recuperación de medios de vida, el apoyo psicosocial y el acompañamiento comunitario. Aquí acompañar, escuchar, fortalecer redes locales y respetar los procesos culturales de duelo es tan importante como cualquier donación material.
- Reconstrucción a largo plazo: cuando el terremoto deja de ser noticia, las personas damnificadas siguen necesitando apoyo sostenido: acceso a salud, educación, trabajo, espacios comunitarios y proyectos de vida. Mantener viva la solidaridad en esta etapa implica evitar el “abandono mediático”, seguir apoyando iniciativas locales y exigir políticas públicas de reparación y prevención.
Cómo ayudar de manera efectiva
Si hoy estás preguntándote “¿cómo ayudar después del terremoto sin estorbar?”, estas claves pueden orientarte:
- Consulta primero qué necesitan realmente las comunidades afectadas, a través de comunicados de la UNGRD, alcaldías, gobernaciones y organizaciones como la Cruz Roja y la Defensa Civil.
- Prioriza campañas y puntos de acopio coordinados por autoridades u organizaciones reconocidas; ellos tienen rutas de distribución y criterios de priorización.
- Evita enviar ropa, alimentos u objetos que no hayan sido solicitados; el exceso de donaciones no pertinentes dificulta la logística y puede terminar desperdiciado.
- Entrega productos en buen estado, clasificados, empacados y debidamente identificados (por tipo, talla, fecha de vencimiento, uso), siguiendo las recomendaciones de los centros de acopio.
- Considera que, en muchas circunstancias, las donaciones económicas a organizaciones legítimas y verificables son más eficientes que el envío de objetos, porque permiten comprar exactamente lo que se necesita cerca del lugar afectado.
- No te desplaces por cuenta propia hacia las zonas afectadas para “ayudar” si no tienes preparación, acreditación o autorización; los organismos de socorro han pedido evitar desplazamientos innecesarios y dejar libres las vías para los equipos de emergencia.
- Verifica la legitimidad de las campañas de donación, revisando que las cuentas bancarias y canales oficiales estén respaldados por entidades reconocidas y desconfiando de enlaces y mensajes anónimos.
- No compartas información, fotografías o videos sin verificar, especialmente sobre personas desaparecidas, víctimas o supuestos puntos de ayuda; el Ministerio de Salud recuerda que evitar rumores es parte del cuidado de la salud mental colectiva.
- Ten en cuenta las necesidades específicas de niños, adultos mayores, personas con discapacidad, mujeres, personas enfermas y comunidades rurales o aisladas, tal como recomiendan las guías psicosociales que enfatizan la atención diferencial.
Recomendaciones para enviar ayudas desde la solidaridad
Más allá de los objetos, la solidaridad también se expresa en gestos cotidianos: acompañar, escuchar sin invadir, ayudar a tramitar información, respetar la privacidad de las víctimas y no convertir su sufrimiento en contenido viral. Puedes ofrecer tu tiempo para apoyar campañas serias, colaborar en la clasificación de ayudas, difundir información verificada o incluso facilitar espacios de descanso para voluntarios agotados.
Si estás lejos de las zonas afectadas, puedes aportar manteniendo conversaciones responsables, corrigiendo rumores, compartiendo teléfonos de emergencia (como el 123, 119 para Bomberos, 132 para Cruz Roja y 144 para Defensa Civil) y recordando la existencia de líneas de apoyo en salud mental, como el 106 y la 192 opción de atención emocional. En momentos como este, informar con cuidado y escuchar con respeto también es una forma poderosa de apoyo.
Solidaridad de largo aliento
El terremoto en Colombia ha dejado heridas profundas, pero también ha despertado una ola de solidaridad en todo el país. La pregunta que debemos tener presente es si esa solidaridad se quedará solo en los primeros días o si será capaz de acompañar a las comunidades en el largo camino hacia la reconstrucción.
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Quizás la invitación, desde Heterodiversa.com, es simple y exigente a la vez: que cada gesto de apoyo —desde una transferencia pequeña hasta una conversación con alguien que perdió su casa— sea responsable, informado y respetuoso de la dignidad de las personas afectadas. Que la solidaridad en Colombia no se mida solo en toneladas de ayudas para damnificados, sino en la capacidad de transformar el dolor en cuidado mutuo y en compromiso sostenido con quienes hoy deben volver a empezar de cero y en una realidad diferente y retadora.











