Fuego de Dios
Uriel, cuyo nombre significa «Fuego de Dios», es uno de los arcángeles más enigmáticos de la tradición religiosa occidental. A diferencia de Miguel, Gabriel y Rafael, Uriel no aparece explícitamente en el canon bíblico hebreo o cristiano, pero surge en textos apócrifos, especialmente en el Libro de Enoc, una escritura antigua que se estima que fue escrita entre los siglos III y II a.C.
En este libro, Uriel se presenta como uno de los siete grandes arcángeles reconocidos por las religiones abrahámicas y se le conceden funciones relacionadas con la vigilancia y la purificación. Su nombre aparece múltiples veces con variantes como «Nuriel,» «Uryan,» «Jeremiel» y «Vretil,» cada una relacionada con diferentes aspectos de su naturaleza.
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Evolución de su figura a lo largo del tiempo
La figura de Uriel experimenta una transformación significativa a través de las diferentes escrituras. En el Libro de Enoc, es presentado como vigilante de los infiernos, “el ángel que vigila el lugar de los muertos (Hades, Tártaro, Sheol)”, adquiriendo el epíteto “ángel del trueno y del temblor». Esta función inicial lo ubica en el umbral entre el mundo de los vivos y el de los muertos, entre lo conocido y lo desconocido.
En el Apocalipsis de Pedro (otro texto apócrifo cristiano), Uriel sufre una transformación mas drástica. Se convierte en el «Ángel del Arrepentimiento, desprovisto de piedad,» quien castiga a los que blasfeman contra Dios, aquí lo conciben como ejecutor de una justicia implacable.
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Posteriormente, en la mística cristiana medieval y renacentista, este ángel recibe una elevación. John Milton, en su epopeya «Paraíso Perdido,» lo presenta como «el ángel con la visión mas aguda”, puede ver el futuro con mayor claridad que cualquier otro ser celestial. De esta manera Uriel se convierte en visionario cósmico.
Creencias y religiones que lo reconocen
Uriel ocupa un lugar especial en las diferentes tradiciones religiosas. En el catolicismo es reconocido como uno de los siete arcángeles principales y representa la justicia Divina. En el judaísmo, Uriel aparece en textos cabalísticos, aunque no de la misma manera de Miguel o Gabriel. Representa poder y sabiduría.
En el protestantismo, es menos invocado que otros arcángeles, aunque aparece en algunas tradiciones pentecostales y carismáticas. Y en el Islam algunos estudiosos lo identifican con ángeles mencionados en contextos de castigo o advertencia.
Funciones, atributos y simbolismo
Uriel encarna la capacidad de ver la verdad y se le invoca para:
- Claridad mental y visión espiritual: capacidad de ver más allá de lo obvio.
- Valentía para enfrentar verdades y realidades difíciles.
- Protección contra catástrofes naturales: truenos, terremotos, volcanes.
- Iluminación en momentos de oscuridad.
- Transmutación de la ira en sabiduría y canalización de energías destructivas.
Sus atributos visuales incluyen frecuentemente una espada o llama de fuego (símbolo de la verdad que quema falsedades), un libro abierto (conocimiento revelado), o un rayo (iluminación divina). Su color es típicamente rojo o naranja, que representa la naturaleza del fuego.
Invocación y práctica espiritual
Uriel es invocado menos frecuentemente que otros arcángeles, quizás porque su energía puede ser intensa y desafiante. Sin embargo, en momentos de confusión, su invocación es poderosa.
En la meditación con Uriel se visualizan llamas purificadoras. Su oración es clara: «Uriel, que tu luz queme todas las ilusiones que me mantienen atrapado. Ayúdame a ver la verdad de mi situación con claridad. Que tu fuego transmute mi confusión en comprensión y mi miedo en valentía para enfrentar la realidad”.
Algunas tradiciones lo invocan para protección contra catástrofes naturales o energías destructivas.
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Epílogo
Uriel, el fuego de Dios, simboliza la verdad y la justicia sin piedad. Invocarlo requiere estar dispuesto/a a recibir respuestas que pueden ser retadoras. No es apropiado invocarlo para obtener validación de autoengaños o para justificar acciones crueles.








