Las cabañuelas: una predicción climática muy usada por nuestros antepasados
En Colombia, México y otros países latinoamericanos existe una práctica ancestral para predecir el clima del año. Se conoce como las cabañuelas: una predicción climática muy usada por nuestros antepasados que consiste en observar el cielo durante los primeros doce días de enero, para conocer el pronóstico climático de cada uno de los doce meses del año que comienza.
Las cabañuelas tienen raíces en las prácticas indígenas prehispánicas que observaban patrones celestes y meteorológicos. Así como en rituales cristianos de transición relacionados con la Epifanía que ocurre el 6 de enero. Lo cierto es que se consolidó como una práctica popular donde el campesino, el ganadero y el agricultor predecían el clima del año en esos primeros doce días como si fuera un espejo mágico.
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Cómo se usan
La regla es simple: el 1 de enero predice el clima de enero, el 2 de enero predice el de febrero, y así hasta sucesivamente hasta el 12 de enero que corresponde a diciembre. Existe algunas variaciones: hay quienes dicen que los días se leen al revés (del 12 al 1), o que hay un segundo ciclo del 13 al 24 que también cuenta. Lo importante es que el observador anotaba los detalles del día: lluvia, sol, vientos, cambios de temperatura… Luego comparaba.
Generaciones de campesinos guardaban estas anotaciones en cuadernos desgastados por el uso. Eran sus radares meteorológicos, sus herramientas de predicción cuando no existían los satélites.
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¿Funcionan realmente?
La ciencia meteorológica moderna, con sus modelos sofisticados y sus satélites, ha examinado las cabañuelas y el veredicto es mixto pero tendiente al escepticismo. Los patrones climáticos no obedecen a una lógica tan lineal. El cambio climático las ha hecho menos predecibles. Sin embargo, existen estudios que muestran que en algunas regiones específicas, durante ciertos períodos históricos, las cabañuelas tuvieron una gran precisión.
¿Cómo se explica esto? Posiblemente la observación repetida durante siglos. Nuestros antepasados no eran científicos formales, pero detectaban detalles que la mente moderna, acostumbrada a pantallas, pasaría por alto.
¿Qué aprender de las cabañuelas en 2026?
El valor de las cabañuelas no está en si predicen el clima con exactitud meteorológica, o no. Está en algo más interesante: restauran la capacidad de observar. De mirar el cielo sin prisa. De anotar. De conectar. De confiar en los patrones que repetidamente surgen.
En 2026, cuando accedemos a pronósticos meteorológicos con precisión minuto a minuto, hemos perdido algo que nuestras abuelas siempre utilizaron: la observación. Las cabañuelas son una invitación a recuperarla.
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Atrévete este enero a anotar: ¿Qué tal es el clima hoy? No para predecir con exactitud científica. Solo para entrenar la observación. Para recordar que antes de los algoritmos, la sabiduría estaba en la observación, la paciencia y la atención plena.








