El romero es un aliado de nuestra comprensión
Durante siglos, el romero ha ocupado un lugar destacado en rituales, cocinas y recetas medicinales caseras de la cuenca mediterránea. Los antiguos griegos lo quemaban en templos para «despejar la mente», mientras que los estudiantes medievales lo llevaban en los bolsillos durante sus exámenes. Hoy, más de dos mil años después, la neurociencia reconoce que el romero es un aliado de nuestra comprensión.
En 2012, investigadores de la Universidad de Northumbria (Reino Unido) publicaron un hallazgo histórico: fue la primera vez que se demostraba en humanos que la exposición al aroma de romero mejora directamente el desempeño cognitivo, y esta mejora se correlaciona con los niveles de 1,8-cineol —un compuesto volátil del aceite esencial— medidos en la sangre. El estudio involucró a 20 voluntarios sanos que realizaron tareas de sustracción mental y procesamiento visual mientras respiraban aroma de romero. Los resultados mostraron mejoras significativas tanto en velocidad como en precisión, sin el típico compromiso entre ambas.
Años después, en 2018, un ensayo clínico con 68 estudiantes universitarios confirmó que la suplementación oral de romero (500 mg dos veces al día durante un mes) potenciaba tanto la memoria prospectiva, que es la capacidad de recordar hacer algo en el futuro, como la memoria retrospectiva, recordar eventos pasados. Además, los participantes reportaron reducciones significativas en ansiedad y depresión, y mejoras en calidad del sueño.
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En un contexto más aplicado, investigadores en sicología educativa descubrieron que estudiantes expuestos al aroma de romero durante pruebas de memoria lograban resultados 5% a 7% superiores a sus pares en ambientes sin el aroma. Un hallazgo modesto, ciertamente, pero consistente.
¿Qué sucede en nuestro cerebro cuando inhalamos romero?
La respuesta está en un pequeño compuesto llamado 1,8-cineol (también conocido como eucaliptol), que constituye el 35 a 55 por ciento del aceite esencial de romero.
Fíjate que cuando respiramos este compuesto, sus moléculas, lipídicas y pequeñas, logran atravesar la barrera hematoencefálica, esa frontera que protege nuestro cerebro de sustancias indeseadas. Una vez en el cerebro, el 1,8-cineol y otros compuestos como el ácido rosmarínico actúan como inhibidores de la acetilcolinesterasa, una enzima que «apaga» el neurotransmisor acetilcolina. Esta es fundamental para la memoria y el aprendizaje; al mantener sus niveles disponibles por más tiempo, el romero optimiza nuestras capacidades mnésicas.
Pero además, otros estudios han demostrado que mejora la circulación sanguínea cerebral, aumentando la entrega de oxígeno y nutrientes a nuestras neuronas. En animales indican el romero reduce el estrés oxidativo y disminuye la inflamación cerebral, particularmente en el hipocampo, la región clave para la formación de memoria.
Por otro lado, el romero promueve la producción de BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), una proteína que actúa como «fertilizante neuronal», promoviendo la creación de nuevas neuronas y fortaleciendo las conexiones entre las existentes. Finalmente, al reducir los niveles de cortisol, el romero indirectamente mejora nuestra capacidad para concentrarnos y retener información, pues un cerebro menos ansioso es un cerebro más receptivo.
Cómo integrar el romero a tu vida cognitiva
La belleza del romero como herramienta de bienestar cognitivo radica en su accesibilidad. Aquí presentamos formas seguras y efectivas de incorporarlo a tu rutina diaria.
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Difusión aromática. Es la forma más estudiada científicamente. Agrega de 2 a 4 gotas de aceite esencial de romero puro a un difusor ultrasónico o de aromaterapia. Usa durante sesiones de estudio, trabajo creativo o cualquier tarea que requiera concentración prolongada. De 4 a 10 minutos de exposición es suficiente para notar cambios.
Inhalación directa. Para un impulso rápido, pon una gota en un pañuelo o algodón e inhala lentamente. Esta técnica es portátil, perfecta para momentos previos a exámenes, presentaciones o cuando sientas que tu mente necesita «despejarse».
Suplementación oral. Algunas personas han consumido romero como suplemento (500 mg al día en cápsulas o en polvo). Si optas por este camino, consulta a un profesional de salud, especialmente si tomas medicamentos anticoagulantes como warfarina o si estás embarazada.
Agua de romero. Una opción casera menos investigada pero accesible. Puedes preparar una infusión con ramitas frescas de romero. Aunque los efectos cognitivos por ingestión son menos estudiados que por inhalación, la infusión ofrece beneficios antioxidantes generales.
Aunque el romero es ampliamente seguro, ciertas poblaciones deben tener precaución: personas embarazadas o en período de lactancia, individuos con epilepsia, y niños menores de 6 años (en aplicaciones tópicas o faciales). El aceite esencial nunca debe aplicarse puro sobre la piel; siempre debes diluirlo en un aceite portador como coco o jojoba. Realiza una prueba de alergia 24 horas antes de uso prolongado.
El romero como puerta a la conciencia sensorial
Más allá de la bioquímica, usar romero como herramienta cognitiva invita a una pregunta: ¿Cómo interactuamos con nuestros sentidos en el camino hacia el bienestar?
El olfato es el sentido más primitivo, conectado directamente con el sistema límbico, el «corazón emocional» del cerebro. Cuando inhalamos aroma de romero, no estamos simplemente optimizando neurotransmisores; estamos participando en un acto de auto-atención. Estamos diciendo: «Mi comprensión importa. Mi claridad mental merece atención deliberada.»
El aroma del romero, respaldado por un mecanismo biológico coherente y estudios humanos replicados, puede ser un aliado genuino para la memoria, la concentración y el rendimiento cognitivo general. Y precisamente eso lo hace accesible, verificable y escalable.
Pero el romero funciona mejor como parte de un ecosistema de bienestar integral: combinado con hábitos de sueño consistentes, movimiento regular, alimentación consciente y prácticas contemplativas. En esa sinergia, donde la ancestral sabiduría herbal se encuentra con la neurociencia contemporánea, es donde verdaderamente florece nuestra capacidad de pensar, recordar y existir con claridad.
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La próxima vez que te encuentres estudiando o en un momento que requiera concentración profunda, acércate a una ramita de romero fresco o difunde su esencia en tu espacio. Respira conscientemente. Siente cómo la historia milenaria de esta planta se cruza con tu química cerebral. Y confía en que, aunque modestamente, tu mente está siendo cultivada porque el romero es un aliado de nuestra comprensión.








