El periodismo es la mejor profesión del mundo
Elegir ser periodista en Colombia es, ante todo, un acto de fe y de profunda valentía. Cada 9 de febrero, cuando conmemoramos nuestro día, celebramos la pasión por un oficio que, a pesar de las tormentas, sigue siendo un faro necesario para navegar las complejidades de nuestra sociedad. En un país donde la memoria es frágil y el conflicto ha dejado cicatrices profundas, el periodismo se alza no solo como un registro de los hechos, sino como una herramienta indispensable para la reparación, la justicia y la construcción de un tejido social más empático y humano. Por eso para mi, el periodismo es la mejor profesión del mundo.
Responsabilidad vs. viralidad
Ser periodista nos otorga el privilegio y la inmensa responsabilidad de ser testigos de la historia. Y más allá de esa posibilidad de observar, nos da la capacidad de incidir en la transformación de nuestra sociedad. En la Colombia actual, nuestro oficio ha dejado de ser monopolio de los grandes medios para convertirse en un abanico de infinitas y diversas posibilidades. El auge del periodismo independiente y los formatos digitales han permitido que surjan nuevas narrativas que antes eran invisibles. Hoy, las historias de comunidades alejadas, de líderes sociales desconocidos y de las minorías pueden ser escuchadas sin filtros ni censura. Esta democratización de la palabra es, quizás, el mayor triunfo del periodismo moderno.
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Sin embargo, esta libertad conlleva una gran responsabilidad ética. En la era del algoritmo, donde la realidad compite con la viralidad, el periodista debe ser el guardián de la verdad. La formación de una opinión pública crítica depende de nuestra capacidad para investigar con rigor, contrastar fuentes y, sobre todo, para resistir la tentación del clic fácil.
El periodismo responsable, ese que defendemos desde estas líneas, no busca simplemente informar, sino explicar los porqués, humanizar las cifras y generar empatía en una sociedad a menudo polarizada. No se trata solo de decir qué pasó, sino de ayudar a entender cómo nos afecta a todos como comunidad y cómo avanzar hacia la construcción de una sociedad más empática y amorosa.
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Un futuro desafiante y esperanzador
No podemos ignorar que enfrentamos grandes desafíos. Las redes sociales, aunque son canales poderosos de difusión, se han convertido en armas de doble filo. La inmediatez que exigen las plataformas digitales a menudo sacrifica la profundidad y el contexto, dando paso a la desinformación y a las «fake news» que intoxican el debate público. A esto se suma una realidad dolorosa en nuestro gremio: la precarización laboral y la pérdida de confianza de las audiencias. Muchos colegas en las regiones de Colombia siguen ejerciendo bajo amenazas, con salarios injustos o sosteniendo medios propios con las uñas, luchando contra un sistema que a veces parece valorar más el entretenimiento vacío que la investigación seria.
A pesar de este panorama, el futuro de esta profesión es desafiante y esperanzador. La crisis de credibilidad se combate con más y mejor periodismo, con cercanía y transparencia. La sociedad colombiana sigue necesitando quien le ayude a discernir la verdad en medio de tanta desinformación, quien le cuente historias de resiliencia y quien vigile al poder. El periodismo sobrevivirá porque la curiosidad humana y la necesidad de entender nuestro entorno son inagotables.
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Epílogo
Hoy, más que nunca, reivindicamos este oficio como un pilar de la democracia y un refugio para la verdad. Ser periodista en Colombia es mantener encendida la llama de la pregunta incómoda y la respuesta necesaria; es, en definitiva, una forma de liderar a nuestro país y a su gente.
Por todo esto, el periodismo es la mejor profesión del mundo.








